VALORES HUMANOS
VALORES HUMANOS: HERMANDAD

DIOS ES AMOR

CONGRESO LATINOAMERICANO DE EDUCACION EN VALORES HUMANOS

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HERMANDAD


"En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si os tenéis amor los unos a los otros".(1)

El aspecto divino de su personalidad alentará la humildad, la adherencia a la verdad, el amor, y el anhelo de servir, la fortaleza y el desapego. Aprecien las primeras manifestaciones de estas cualidades en su vida y practíquenlas cada vez que tengan la oportunidad.
La hermandad innata que santifica la raza humana es destruida por las malas hierbas de la envidia, que crecen en la mente. Estas malas hierbas arruinan la personalidad, crecen exhuberantemente que estrangulan al individuo mismo. El dolor es la sombra que persigue al ego. Cuando un vecino suyo se acongoja por la pérdida de un ser querido, ustedes lo consuelan diciendo que no es sensato llorar por pérdidas mundanas, que llorar no puede traer de vuelta al que se ha ido, pero cuando la muerte visita a su propia familia, ustedes se afligen tanto que el mismo vecino tiene que repetir el mismo argumento para consolarlos. Todo esto sucede porque ninguno de los dos ha desarrollado fe en el Alma, ninguno tiene el Nombre Divino en la lengua ni Amor en el corazón. Tal es el efecto insidioso de escuchar al ego. Antes de nacer ustedes, no tenían ningún pariente, cuando mueren los dejan solos. ¿Por qué entonces, desarrollar este vínculo con ellos sólo por esta vida intermedia y a causa de ello olvidarse del propósito para el cual les ha sido dada esta vida? Estén siempre conscientes de lo vano de los logros mundanos, mientras estén usando todos sus talentos, habilidades, y recursos en la mayor medida posible en el servicio a Dios en el hombre.(2)
Actualmente el mundo da vueltas en una cama de enfermo, afligido por el temor, la ansiedad y todo tipo de fobia. No es que no haya remedio para curarlo y ponerlo bien y saludable otra vez. ¿Cuál es el tratamiento que puede enderezar al mundo? El hombre debe darse cuenta de su elevado destino, su preciosa herencia, sus fortalezas y virtudes innatas. Eso eliminaría los odios, las avaricias, las sospechas que han causado esta malsana situación. Desarrollen el lazo de la hermandad, éste es el remedio sugerido por varios practicantes. Pero eso no es suficiente. La paz y la armonía no pueden asegurarse sólo cuando las personas se dicen a sí mismas que son hermanos. Encontramos que hermanos y hermanas nacidos de la misma madre pelean entre sí y pocas veces confían el uno en el otro. Contaminan sus mentes con la ira y la envidia y hacen miserables sus vidas y las de sus hermanos. En general, el respeto y la cooperación fraternales hoy están ausentes entre los hombres. Luchan por porciones de propiedad y gastan la mayor parte de su tiempo y dinero en los tribunales, tratando de tomar venganza uno contra otro.
Como consecuencia del orgullo de su propia fortaleza y poder, una persona puede lastimar a miles, pero la más lastimada será ella misma, porque el orgullo o el egoísmo son como el diablo que posee a un hombre (y que es difícil de exorcizar). El hombre no puede pretender ser un hombre hasta que este ego que lo mueve a destruir y a pasar por encima de otros sea destruido mediante el sadhana. Lo divino en él puede manifestarse solamente cuando se vence a las fuerzas tenebrosas del "yo" y de "lo mío". Vencer al ego es una tarea poco menos que imposible. Hemos oído de los seis enemigos internos que persiguen al hombre en cada momento de su vida, pero el sentido de "yo" y "lo mío" están mucho más arraigados. Hay gente que ha vencido a los seis enemigos: la lujuria, ira, codicia, apego, orgullo y odio. Realmente, hay muchos que han logrado esta victoria, pero es verdaderamente raro el héroe que ha demolido su ego y ha escapado de sus impulsos viles.
El egoísmo es un arbusto espinoso que cuando es plantado y alimentado en el corazón, uno tiene que sufrir el castigo. El egoísmo hace enemigos a los amigos leales y arruina muchas buenas causas y proyectos, pues no permite que dos hombres buenos trabajen juntos. El pesar lo sigue como su sombra. Donde no hay ego, florecen la dicha, la paz, el valor, la cooperación y el amor. Cuando un hombre está consciente de que la misma Consciencia Divina que lo motiva a él está igualmente motivando a los demás, el amor expulsa al ego y se hace cargo de sus actividades, palabras y pensamientos.
Construimos una casa para nosotros y estamos felices de que sea "nuestra". Cuando alguien pega sobre la pared un cartel, sentimos que "nuestra casa" ha sido manchada y hasta vamos a los tribunales para castigar a los culpables. Cuando viene la temporada de las elecciones, las paredes son desfiguradas con turbulentos y odiosos mensajes y reñimos con todos porque manchan "nuestras" paredes. Luego supongamos que le vendemos la casa a alguien y nos mudamos. Después de esto, aun si la casa es bombardeada no estamos preocupados en lo más mínimo. Era el ego lo que causaba la preocupación por tanto tiempo. ¿Cómo entró este egoísmo en nuestro ser? Es una mala hierba que creció en nosotros y que es cultivada por nosotros, hasta que nos destruye desde la raíz hasta las ramas. ¿Dónde estaba este ego al comienzo? ¿Dónde estuvimos nosotros antes de nacer? ¿Dónde estaremos después de morir? Todas nuestras ideas e inferencias son sólo el producto del período entre el nacimiento y la muerte. Cuando la muchacha con quien se casó estuvo gravemente enferma, siendo una niña, un hombre nunca se preocupó, ya que ella no se había vuelto "suya". Nosotros mismos hemos desarrollado este apego como un factor cohesivo y estabilizante en la vida, pero hemos permitido que crezca a una inmensa dimensión, de manera que impide nuestro progreso espiritual.(3)
El ideal de hermandad presentado en el Ramayana no tiene paralelo en las epopeyas de la literatura universal. Cuando, durante la batalla con las hordas Rakshasa en Lanka, Lakshmana se desmayó y no podía ser reanimado, Rama lamentó la calamidad diciendo: "Ay de mí! Lakshmana es la fuente de mi aliento; no hay ningún hermano como él en toda la tierra ..." La vida de Lakshmana y la relación con su hermano Rama son brillantes ejemplos para la humanidad.
El heroísmo era el sello de los hermanos. Enfrentaban abiertamente todos los obstáculos y manifestaban la necesaria iniciativa y habilidad para hacerle frente y vencer a sus enemigos. Los jóvenes de hoy tienen que aprender esta lección. Se acobardan ante el más pequeño obstáculo y se desalientan ante la primera dificultad que encuentran. L igual que los héroes del Ramayana, deben avanzar valientemente, cualquiera que sea el obstáculo, en los diferentes campos de actividad, ya sean seculares, morales o espirituales. Cuando se revela la verdad de la única realidad en todo, la realidad de Dios, entonces ya no hay lugar para la ira o el odio. Buscarán y verán sólo lo bueno en todos.
Entre Rama y Lakshmana nunca hubo el menor indicio de envidia o recelo. Lakshmana era totalmente indiferente a todo lo que sucedía a su alrededor, si no afectaba a Rama. Su grandeza es inconmensurable.(4)




(1) Jesús, Juan, 13:35 -
(2) Mensajes de Sathya Sai - Vol. X - Bhagavan Sri Sathya Sai Baba - Prashanti Nilayam, 13-8-78 - Pag. 154 -
(3) Mensajes de Sathya Sai - Vol. X - Bhagavan Sri Sathya Sai Baba - 11-10-78 - Pag. 164/166 -
(4) Mensajes de Sathya Sai - Vol. X - Bhagavan Sri Sathya Sai Baba - Brindavan, Curso de Verano - 26-5-77 - Extractos de Pag. 76/80 -

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